¿Por qué los marineros sufrían escorbuto? James Lind y los limones de 1747

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Última revisión: 05/11/2026

Dato clave: el escorbuto se debe a la falta de vitamina C. En 1747, James Lind comparó seis remedios en doce marineros enfermos y solo los cítricos funcionaron de forma clara: uno de los primeros ensayos clínicos controlados de la historia.

Durante siglos, el escorbuto fue una de las grandes amenazas de los viajes largos por mar. Los marineros se cansaban, les sangraban las encías, se les aflojaban los dientes y las heridas no les cicatrizaban. Nadie sabía por qué, y se probaban remedios de todo tipo. La historia de cómo se encontró la solución es también la historia de una forma nueva de averiguar si un tratamiento funciona.

Qué es el escorbuto

Hoy sabemos que el escorbuto es la consecuencia de una carencia de vitamina C mantenida durante meses. Primero aparecen cansancio, debilidad, irritabilidad y dolores vagos en músculos y articulaciones. Después llegan los signos típicos: encías hinchadas, esponjosas y de color púrpura, dientes que se aflojan, pequeñas hemorragias bajo la piel, hematomas y heridas que no se curan. La causa habitual es una dieta pobre en fruta y verdura frescas, justo lo que faltaba en las largas travesías de la época.

El experimento del HMS Salisbury

James Lind, nacido en Edimburgo en 1716, trabajó como cirujano de la Armada británica entre 1738 y 1748. En 1747, a bordo del buque HMS Salisbury, hizo algo poco habitual para su época: en lugar de probar un remedio y fiarse de su impresión, eligió a doce marineros con escorbuto en un estado parecido, con la misma dieta y alojados en la misma parte del barco, y los repartió en seis parejas. Cada pareja recibió un tratamiento distinto de los que se usaban entonces:

  • sidra;
  • «elixir de vitriolo» (ácido sulfúrico diluido);
  • vinagre;
  • agua de mar;
  • una pasta de nuez moscada, mostaza y ajo;
  • naranjas y limones (dos naranjas y un limón al día).

El resultado fue llamativo: los dos marineros que tomaron cítricos mejoraron mucho antes que el resto, y uno de ellos estaba en condiciones de volver al trabajo a los seis días. Lo importante no fue solo el hallazgo, sino el método: comparar varios tratamientos a la vez en pacientes parecidos y en las mismas condiciones, para que la diferencia se pudiera atribuir al remedio. Es la idea que hay detrás de los ensayos clínicos actuales, que son los que hoy deciden si un medicamento llega a la farmacia.

Un hallazgo que tardó en aplicarse

Lind publicó sus resultados en 1753 en su Tratado del escorbuto (A treatise of the scurvy), donde además revisó con cuidado todo lo que se había escrito antes sobre la enfermedad. Pero el ensayo ocupaba solo unas pocas páginas, y el propio Lind dio también mucha importancia a otros factores, como el aire fresco, lo que pudo restar claridad a su mensaje.

Lind dirigió después el hospital naval de Haslar, en Gosport (Inglaterra), y murió en 1794. Un año más tarde, en 1795, la Armada británica empezó a dar de forma oficial a sus marineros zumo de cítricos (sobre todo de limón). En unos dos años, el escorbuto prácticamente desapareció de sus barcos. Habían pasado casi cincuenta años desde el experimento.

Faltaba saber qué tenían los limones. La respuesta llegó en el siglo XX: en 1937, el Premio Nobel de Fisiología o Medicina reconoció a Albert Szent-Györgyi por sus descubrimientos sobre los procesos de combustión biológica, «con especial referencia a la vitamina C». Es una historia que recuerda a la de otros remedios que nacieron de la observación, como la quina y la quinina.

¿Y hoy?

En los países desarrollados el escorbuto es muy poco frecuente, aunque no ha desaparecido: puede verse en personas mayores mal alimentadas, en personas con alcoholismo y, en general, en quien pasa mucho tiempo sin comer fruta ni verdura fresca. La vitamina C está en los cítricos, pero también en los pimientos, los tomates, las fresas, el brócoli o las patatas. Cocinar los alimentos destruye parte de ella, así que conviene tomar también fruta y verdura crudas.

Una curiosidad más: cada 20 de mayo se celebra el Día Internacional de los Ensayos Clínicos en recuerdo del experimento de Lind. Y, a propósito de los ensayos, son precisamente ellos los que han mostrado que tomar vitamina C no evita los catarros, como contamos en ¿La vitamina C y el zinc previenen el resfriado?

Importante: este artículo es divulgativo. Si te sangran las encías, te salen hematomas sin motivo o las heridas tardan en curar, consulta al médico: hay muchas causas posibles y conviene estudiarlas. No tomes suplementos de vitamina C a dosis altas por tu cuenta; con una dieta variada con fruta y verdura, la mayoría de las personas no los necesita.

Fuentes

  1. Milne I, Chalmers I. Documenting the evidence: the case of scurvy. Bulletin of the World Health Organization (OMS). 2004;82(10):791-792 (en inglés). Consultada el 03/11/2026.
  2. The James Lind Library. Lind J (1753). A treatise of the scurvy (en inglés). Consultada el 03/11/2026.
  3. Universidad de Edimburgo (Edinburgh CRF Education Programme). International Clinical Trials Day 2021 (en inglés). Consultada el 03/11/2026.
  4. London School of Hygiene & Tropical Medicine (Library). James Lind (1716-1794): naval surgeon and physician (en inglés). Consultada el 03/11/2026.
  5. Manual MSD, versión para el público general. Carencia de vitamina C (escorbuto). Consultada el 03/11/2026.
  6. The Nobel Prize. The Nobel Prize in Physiology or Medicine 1937 (en inglés). Consultada el 03/11/2026.